El área de Nueva York en la que vivíamos no era “The Big Apple” (como le dicen a la ciudad de Nueva York), era un pueblo llamado Thornwood o “bosque de espinas” no muy lejos de Manhattan. Muchos árboles, no habían veredas en las calles pequeñas solo en las calles principales, las distancias eran largas, parecía el campo. El único recuerdo con el que lo pude comparar era el área de Las Casuarinas o Chosica en Lima, solo más contemporáneo, pero la idea era la misma. También habían algunas áreas donde habían centros comerciales abiertos en donde había un banco, el supermercado, la lavandería, la lavandería automática, restaurantes y por supuesto una farmacia y algunas tiendas.
Lo más típico en Nueva York y a lo largo del Noreste es el “Diner”. Estos son restaurantes para la familia donde las personas que viven en el vecindario van no sólo en ocasiones especiales sino casi cada dos días, para tomar la sopa del día o cualquier cosa que esté en el menú que les guste y es casi como una comida hecha en casa para cuando no quieran cocinar. Son muy económicos y la comida es ¡realmente buena! Nosotros teníamos uno en nuestro pueblo y nos convertimos en asistentes regulares también. Es la clase de lugar en donde haces amistad con la mesera. Nosotros conocimos a una señora muy linda, mayor que nosotros, ella era muy diligente y rápida en su servicio y también muy amigable, te hacía sentir como si estuvieras en casa. Ella había trabajado allí por muchos años y había tenido dos ataques al corazón, pero ella continuaba trabajando tan amorosamente como podía. La extrañamos.
Una tarde, yo estaba de compras en el supermercado a un par de cuadras de distancia y había elevado mi asiento para alcanzar algo en la tienda. Cuando salí de la tienda y estaba en la vereda, comencé a bajar mi asiento a su posición normal y de repente ¡la silla dejo de moverse! Al principio, no sabía que estaba sucediendo, después me di cuenta de que un artículo que estaba en la bolsa que tenía colgada del cinturón de la silla se había metido debajo del asiento y sobre la base de la silla y estaba atorado. Era una botellita de vidrio y cuando el asiento bajó y encontró la resistencia de la botellita, ¡se quemó el fusible! Y para mi sorpresa, la botellita ¡no se rompió! El problema era que yo estaba en la calle sola, la silla no se movía, yo no tenía un teléfono celular y ¡me estaba congelando! ¡No podía hacer nada! Lo bueno es que cuando hay alguna situación de tanta presión como ésta, yo me pongo en “modo de emergencia” y trato de resolver la situación a pesar de lo que pueda sentir. Así que inmediatamente pensé que necesitaba llamar a Vic a la oficina para que viniera a recogerme. El problema era que yo no tenía un teléfono celular para llamarlo. Gracias a Dios estaba al costado de la puerta del supermercado y había un teléfono público un poquito más allá en la vereda. El asunto era ¿cómo hacía para llegar al teléfono? Bueno, Dios me envió un “ángel”. Yo necesitaba ayuda. Justamente, un muchacho que trabajaba en la tienda estaba en su tiempo de descanso y estaba allí descansando. Le hablé, le expliqué lo que pasaba y le pedí que desenganchara los frenos de mi silla y que me empujara hasta el teléfono para poder llamar a Vic. Así lo hizo. El era de Argentina y fue fácil tener una conversación con él ya que teníamos cosas en común. Yo llamé a Vic y el salió de la oficina para ir a recogerme. El empleado de la tienda regresó a trabajar pero de vez en cuando venía a ver si yo necesitaba algo y así hasta que Vic vino.
Una vez que Vic finalmente llegó, hacía mucho más frio y desafortunadamente my silla electrónica no entraba en nuestro auto así que Vic me tuvo que empujar hasta el departamento y éstas sillas son ¡realmente pesadas! Pero no había ninguna otra salida. Cuando llegamos, Vic les pidió ayuda a los vecinos para empujarme arriba de la colina y hacerme entrar al departamento donde yo podía llamar a alguien que viniera a arreglar mi silla al día siguiente. Después tuvo que regresar a la tienda a recoger el auto. Y todo regreso a lo normal.
Creo que nunca había experimentado el sentirme tan impotente antes de esto. Hay momentos en la vida cuando nos sentimos así. La vida escapa a nuestro control, no entendemos que está pasando ni porqué y no sabemos qué hacer. Sentimos que todo ha terminado y por un momento sentimos que no hay nada que podamos hacer para cambiar nuestra situación. Deseamos tener alguna forma de resolver las cosas pero no hay ninguna. Desesperadamente tratamos de hacer cosas y éstas fallan, empujándonos más abajo dentro de la impotencia. Yo aprendí una lección muy poderosa ese día, la cual sigo aplicando ahora y lo he hecho a través de los años cada vez que he pasado por estas situaciones en cualquier área de mi vida.
Para comenzar, ¡que no cunda el pánico! Pon tu confianza en el Señor y busca sabiduría. Después, busca soluciones y si es necesario, pide ayuda. Aprende a tomar precauciones, la próxima vez no pongas tu bolsa de compras allí, y ¡siempre lleva un celular para emergencias! Me dije a mi misma y así lo he hecho. Por último, si hay una situación que realmente no tiene una forma de que tú la resuelvas, dále tus cargas al Señor y afírmate. Espera por Su liberación. El siempre estará contigo.
Nos vemos la próxima semana!
Hola, gracias por venir a leer mi blog. Quiero compartir contigo mi historia desde cuando vine a vivir a los Estados Unidos con una discapacidad fisica y como Dios ha sido mi Fortaleza a travez de todo lo que he pasado. El ha sido fiel. Espero que las lecciones que he aprendido en mi camino te inspiren y ayuden a vivir “Dia tras Dia” en tu camino.
29 de junio de 2010
21 de junio de 2010
La Silla
Durante la primera semana en el departamento, no me era posible salir debido a las gradas en la entrada. Conseguimos un carpintero para que hiciera una rampa y una pequeña plataforma directamente en frente de la puerta para que yo tuviera un lugar donde dar la vuelta y salir y entrar de frente antes de que la inclinación comenzara. Fue una buena construcción que sobrevivió la lluvia, la nieve y también el sol abrasador en el verano durante todo el tiempo en que estuvimos allí. Y probablemente ¡todavía sigue en uso! Aquí esta una imagen de la rampa. En la izquierda de la fotografía se puede ver (un poco oscuro) un muro que estaba sosteniendo tierra y plantas, justo en frente de nuestra puerta y nuestra ventana.
Todavía no teníamos muebles y Vic usaba un cajón de plástico para sentarse y usábamos la mesita de mi silla de ruedas como nuestra mesa de comedor. Nos prestamos algunos platos y ollas de la mamá de Vic y comenzamos a cocinar allí. Era divertido comenzar a hacer estas cosas. Muy pronto trajimos algunos de los muebles antiguos de Vic y compramos algunos nuevos, así como nuestros utensilios de cocina. Yo sabía cocinar, aún cuando no solía hacerlo regularmente cuando estaba en Lima. No tenía tiempo ni la necesidad ya que siempre tuve alguien que me atendiera. Primero mi mamá y luego tuve a una empleada quien me ayudaba haciendo todos los quehaceres domésticos. Aquí podía cocinar si es que adaptaba todo a la altura correcta para que yo pudiera alcanzar las cosas que necesitaba para poder hacerlo. Así que organizamos las cosas lo mejor que pudimos. ¡Señor! ¡De hecho extrañaba a mi empleada para que me ayude con los quehaceres! (Bueno, la extrañaba a ella también. Yo la quería como a una hija). Pero este era mi trabajo ahora y todo lo que puedo decir es que aprecié más que nunca todo lo que mi familia y ella hicieron por mí diariamente.
Un día, cuando visitábamos a la mamá de Vic, vi un comercial en televisión acerca de una silla de ruedas motorizada y cuanta independencia puede brindar a alguien como yo con una discapacidad. Yo las había visto en Canadá hacia años atrás pero nunca tuve una. Este parecía el mejor tiempo de mi vida para tener una. Estas sillas cuestan mucho dinero pero son también el tipo de equipo médico que una póliza de seguro médico cubre y yo estaba asegurada por el seguro médico de Vic provisto por su empleador, así es que, que mejor oportunidad que ésta de tratar de conseguirla. Así es que pedí un video y una demostración personal en casa. Días después, fueron a nuestro departamento y nos enseñaron todas las funciones de la silla. Era muy buena, ¡impresionante! Pero decidimos que queríamos buscar y ver otras opciones. Así lo hicimos y encontramos una silla aún mejor! Aquí estoy bajando la entrada de autos con mi mamá:
La silla tenía más que suficiente estabilidad para bajar la empinada entrada que teníamos. Nos dieron la demostración y yo la pude probar! Fue grandioso! Pero yo estaba realmente asustada tratando de bajar la entrada de autos, pero era seguro. La compañía de seguros pagó la silla después de que mi doctor les envió la información que probaba que tengo una razón médica para tener una silla como ésta. Nosotros pagamos una mínima tarifa de los miles de dólares que costó. Gracias a Dios por Su provisión!
Un par de semanas después más ó menos, me entregaron mi silla nueva. No puedo siquiera explicar cuan emocionante fue ésa experiencia. Aprender a manejar la silla dentro de mi departamento fue muy fácil para mí. La silla me dió una libertad que nunca había experimentado en mi vida anteriormente, excepto cuando aprendí a manejar auto muchos años atrás por supuesto, pero esa es una historia diferente.
La nueva silla me dio la habilidad de moverme mucho más rápido alrededor de mi casa y también de cargar cosas con una mano y manejar la silla con la otra, lo cual realmente no puedes hacer con una silla manual, necesitas tus dos manos para manejar. También, una de las mejores funciones que la silla tenía era un elevador de asiento. Podía subir y alcanzar cosas que normalmente no estaban a mi alcance como algo en el botiquín del baño o repostero de la cocina. Después de un tiempo corto de aprender a controlar la silla bien adentro de la casa, fui a explorar mi pequeña ciudad. Al principio, le pedía a Vic que bajara conmigo la entrada de autos para que no me asustara tanto y hasta que me acostumbrara a la sensación de bajar en una inclinación tan empinada como ésa. Creo que nunca me deshice completamente del temor de bajar. Sólo me acostumbré a hacerlo a pesar de él. Pero bajé y salí por aquí y por allá y fue ¡maravilloso!
Con mi silla podía ir a sitios diferentes, teníamos bancos y supermercados y tiendas y otros lugares. Yo acostumbraba a ir a comprar víveres, al banco ó a la farmacia. No teníamos muchas veredas pero por lo menos las calles más importantes las tenían así como los centros comerciales de alrededor. Teníamos dos. Ir a estos lugares me hacía sentir bien. Tener la capacidad de hacer todas estas cosas por mi misma cuando Vic estaba trabajando o con él cuando íbamos a pasear juntos o a hacer algo alrededor del vecindario era una fuente de gozo para mí. Me hizo apreciar las cosas simples de la vida que nunca hice por mi misma antes y estaba agradecida de que siempre tuve alguien que las hiciera por mí. Estas experiencias me hicieron apreciar la vida en un nivel diferente, en las cosas más simples y pude darme cuenta de que no debemos tomar las cosas por sentadas.
¡Volveré con más la próxima vez!
Todavía no teníamos muebles y Vic usaba un cajón de plástico para sentarse y usábamos la mesita de mi silla de ruedas como nuestra mesa de comedor. Nos prestamos algunos platos y ollas de la mamá de Vic y comenzamos a cocinar allí. Era divertido comenzar a hacer estas cosas. Muy pronto trajimos algunos de los muebles antiguos de Vic y compramos algunos nuevos, así como nuestros utensilios de cocina. Yo sabía cocinar, aún cuando no solía hacerlo regularmente cuando estaba en Lima. No tenía tiempo ni la necesidad ya que siempre tuve alguien que me atendiera. Primero mi mamá y luego tuve a una empleada quien me ayudaba haciendo todos los quehaceres domésticos. Aquí podía cocinar si es que adaptaba todo a la altura correcta para que yo pudiera alcanzar las cosas que necesitaba para poder hacerlo. Así que organizamos las cosas lo mejor que pudimos. ¡Señor! ¡De hecho extrañaba a mi empleada para que me ayude con los quehaceres! (Bueno, la extrañaba a ella también. Yo la quería como a una hija). Pero este era mi trabajo ahora y todo lo que puedo decir es que aprecié más que nunca todo lo que mi familia y ella hicieron por mí diariamente.
Un día, cuando visitábamos a la mamá de Vic, vi un comercial en televisión acerca de una silla de ruedas motorizada y cuanta independencia puede brindar a alguien como yo con una discapacidad. Yo las había visto en Canadá hacia años atrás pero nunca tuve una. Este parecía el mejor tiempo de mi vida para tener una. Estas sillas cuestan mucho dinero pero son también el tipo de equipo médico que una póliza de seguro médico cubre y yo estaba asegurada por el seguro médico de Vic provisto por su empleador, así es que, que mejor oportunidad que ésta de tratar de conseguirla. Así es que pedí un video y una demostración personal en casa. Días después, fueron a nuestro departamento y nos enseñaron todas las funciones de la silla. Era muy buena, ¡impresionante! Pero decidimos que queríamos buscar y ver otras opciones. Así lo hicimos y encontramos una silla aún mejor! Aquí estoy bajando la entrada de autos con mi mamá:
La silla tenía más que suficiente estabilidad para bajar la empinada entrada que teníamos. Nos dieron la demostración y yo la pude probar! Fue grandioso! Pero yo estaba realmente asustada tratando de bajar la entrada de autos, pero era seguro. La compañía de seguros pagó la silla después de que mi doctor les envió la información que probaba que tengo una razón médica para tener una silla como ésta. Nosotros pagamos una mínima tarifa de los miles de dólares que costó. Gracias a Dios por Su provisión!
Un par de semanas después más ó menos, me entregaron mi silla nueva. No puedo siquiera explicar cuan emocionante fue ésa experiencia. Aprender a manejar la silla dentro de mi departamento fue muy fácil para mí. La silla me dió una libertad que nunca había experimentado en mi vida anteriormente, excepto cuando aprendí a manejar auto muchos años atrás por supuesto, pero esa es una historia diferente.
La nueva silla me dio la habilidad de moverme mucho más rápido alrededor de mi casa y también de cargar cosas con una mano y manejar la silla con la otra, lo cual realmente no puedes hacer con una silla manual, necesitas tus dos manos para manejar. También, una de las mejores funciones que la silla tenía era un elevador de asiento. Podía subir y alcanzar cosas que normalmente no estaban a mi alcance como algo en el botiquín del baño o repostero de la cocina. Después de un tiempo corto de aprender a controlar la silla bien adentro de la casa, fui a explorar mi pequeña ciudad. Al principio, le pedía a Vic que bajara conmigo la entrada de autos para que no me asustara tanto y hasta que me acostumbrara a la sensación de bajar en una inclinación tan empinada como ésa. Creo que nunca me deshice completamente del temor de bajar. Sólo me acostumbré a hacerlo a pesar de él. Pero bajé y salí por aquí y por allá y fue ¡maravilloso!
Con mi silla podía ir a sitios diferentes, teníamos bancos y supermercados y tiendas y otros lugares. Yo acostumbraba a ir a comprar víveres, al banco ó a la farmacia. No teníamos muchas veredas pero por lo menos las calles más importantes las tenían así como los centros comerciales de alrededor. Teníamos dos. Ir a estos lugares me hacía sentir bien. Tener la capacidad de hacer todas estas cosas por mi misma cuando Vic estaba trabajando o con él cuando íbamos a pasear juntos o a hacer algo alrededor del vecindario era una fuente de gozo para mí. Me hizo apreciar las cosas simples de la vida que nunca hice por mi misma antes y estaba agradecida de que siempre tuve alguien que las hiciera por mí. Estas experiencias me hicieron apreciar la vida en un nivel diferente, en las cosas más simples y pude darme cuenta de que no debemos tomar las cosas por sentadas.
¡Volveré con más la próxima vez!
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